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El colesterol alto y las estatinas

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  • junio 12, 2020

El colesterol es una sustancia fundamental para la realización de cualquier proceso metabólico. Es muy importante y esencial en la formación del tejido nervioso, la bilis y las hormonas. Aproximadamente, nuestro organismo produce de 0.5 a 1 gramo de colesterol al día. Esto depende de la cantidad que el cuerpo necesita en cada momento.

El hígado y el intestino delgado son los principales productores de colesterol, y éstos son los que liberal el colesterol a la sangre, donde se unen a las proteínas.

Estas proteínas, que también se llaman lipoproteínas, son las encargadas de transportar el colesterol a las diferentes partes del cuerpo. Hay 3 tipos de lipoproteínas que transportan el colesterol: la lipoproteína de baja densidad, también llamada (LDL), lipoproteína de muy baja densidad o VLDL y lipoproteína de alta intensidad o llamada HDL.

Seguro que has escuchado que la lipoproteína de alta intensidad o llamada HDL, también es llamada “colesterol bueno”, es capaz de atravesar los vasos capilares con gran facilidad. Mientras que las moléculas de las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y de muy baja densidad (VLDL) son relativamente más grandes y abandonan el flujo sanguíneo en el hígado.

Los sinusoides son los vasos capilares que abastecen al hígado y tienen una estructura diferente. Su composición es reticular, única en el cuerpo, y permite que las células hepáticas reciban todo el contenido sanguíneo, incluidas las moléculas de colesterol más grandes, las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y de muy baja densidad (VLDL).

Las células hepáticas son las que reconstruyen el colesterol y lo secretan unto a la bilis en los intestinos. Y cuando el colesterol ya ha penetrado en los intestinos, se combina con las grasas, es absorbido por la linfa y entra en la sangre. Los cálculos en los conductos biliares del hígado son los que inhiben la secreción biliar y bloquean que se escape el colesterol. La producción de bilis desciende debido a la presión que se crea en las células hepáticas.

Cuando los conductos biliares se bloquean solo llega a los intestinos una cuarta parte de bilis de la que producimos al día, que suele ser unos 800 ml. de bilis. Este bloqueo impide que gran parte de colesterol VLDL y LDL se secrete con la bilis.

Los cálculos en los conductos biliares hepáticos deforman la estructura de los lóbulos del hígado dañando los sinusoides y los depósitos de excesos de proteínas cierran las retículas de estos vasos sanguíneos. Sin embargo, el colesterol bueno, es decir el HDL, tiene las moléculas tan pequeñas que pueden abandonar el torrente sanguíneo a través de los capilares ordinarios; mientras que las moléculas más grandes del colesterol LDL y VLDL se quedan atrapadas en la sangre. Esto conlleva a que aumenta la concentración en sangre de LDL y VLDL y puede llegar a ser dañino para nuestro cuerpo. Este proceso forma parte de las técnicas de supervivencia del organismo, ya que éste necesita el colesterol que sobra para reparar las grietas y lesiones que resultan de la acumulación de proteínas en las pareces de los vasos sanguíneos. Aunque ese colesterol tampoco evita la formación de coágulos sanguíneos en las arterias coronarias. Y si uno de ellos se escapa, puede incluso llegar al corazón y parar el suministro de oxígeno en ese órgano.

Además, si hay una menor secreción biliar, la digestión de los alimentos se hace más complicada, especialmente de las grasas. Y como consecuencia de ello, no hay suficiente colesterol para realizar el metabolismo básico celular, ya que las células hepáticas no reciben la suficiente cantidad de moléculas de LDL y VLDL, éstas interpretan que la sangre no tiene esos tipos de colesterol. Esto estimula a las células hepáticas para que aumenten su producción de colesterol, por lo que aumentan aún más los niveles de colesterol LDL y VLDL en sangre. Por lo que ese colesterol “malo” queda en el sistema circulatorio ya que sus vías de escape, que son los conductos biliares y los sinusoides hepáticos, están bloqueados o dañados. Las arterias son las que capturan en sus paredes el colesterol “malo” y éstas se vuelven rígidas, que es mejor que tener heridas o lesiones expuestas al torrente sanguíneo.

Si se eliminan los cálculos biliares del hígado y la vesícula, se puede evitar un ataque al corazón además de revertir enfermedades coronarias y deterioros del músculo cardiaco. Cuando los lóbulos hepáticos deformados y dañados se regeneran por sí mismos, los niveles de colesterol empezarán a normalizarse.

Los medicamentos para reducir el colesterol o también llamados estatinas, no permiten que el cuerpo vuelva a estar sano, sino que bajan artificialmente el nivel de colesterol en sangre bloqueando la enzima hepática responsable de secretar el colesterol. Si se crea una falsa necesidad de colesterol en el hígado, no se produce la bilis de manera correcta y aumenta el riesgo de formarse cálculos y entorpecer la digestión. Hay muchos efectos secundarios de las estatinas: fallos renales, dolor hepático, enfermedades coronarias…

El colesterol es muy importante para que el sistema inmunológico funcione correctamente, sobre todo es esencial para que las respuestas curativas tengan lugar frente a los millones de células cancerosas que se producen a diario en nuestro cuerpo. Nuestro sistema inmune las detecta y las elimina a través de un proceso en el que taladra paredes celulares e inyecta un líquido en el interior de las células para que exploten y mueran.

Aunque siempre se dice que hay que eliminar el colesterol de nuestro cuerpo debido a los problemas de salud que se dan cuando se tienen niveles de colesterol altos, no deberíamos de eliminar esta sustancia, ya que también tiene muchos beneficios. El daño es normalmente un síntoma de otros problemas de salud. El colesterol no se une a las paredes de las venas, sino que se se une a las arterias para cubrir y tapar las heridas y proteger el tejido inferior. Las venas no absorben proteínas en sus membranas basales, por lo que no son propensas a ese tipo de lesiones.

El colesterol LDL permite que la sangre fluya a través de los vasos sanguíneos dañados sin causar riesgos. Seguro que habéis escuchado que el colesterol es un enemigo que hay que combatir y eliminar de nuestro organismo. Muchos estudios en humanos no se han podido llegar a demostrar la relación causa-efecto entre el colesterol y las enfermedades cardiacas.

Si no hubiera moléculas de colesterol “malo” que se unieran a las arterias lesionadas, habría muchísimas más muertes provocadas por ataques cardiacos. Además, muchos otros estudios han demostrado que el riesgo de enfermedades cardiacas aumenta en las personas que disminuyen los niveles de HDL.

Tener colesterol LDL alto es la consecuencia de tener un hígado descompensado, un sistema circulatorio deshidratado y congestionado y tener una dieta y estilo de vida equivocado.

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